domingo, 16 de diciembre de 2012
El mundo es un carnívoro con bozal
"Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes"
Mateo, 8:12
Detuve mi auto en el instante en que escuché una especie de crujido. Como el que se escucha cuando caminas sobre hojas secas o comes cereal. Tenía una reunión importante y no podía llegar tarde, pero por otra parte, siempre fui una persona curiosa y me habría molestado durante todo el día el no saber qué fue lo que hizo ese sonido al pasar por abajo de las ruedas.
Retrocedí un par de metros y me bajé del auto. Era una mañana especialmente fría, y los altos pinos parecían acurrucarse entre ellos para no congelarse. Dí un par de pasos y miré al suelo para encontrarme con algo que parecía haber sido un bebé. Ahora era una especie de esqueleto calcinado, pero aún era reconocible. El automóvil solo había pasado por encima de los huesos de las piernas.
Durante unos segundos observé el montón de huesos de la misma forma en la que miras momias o animales en un museo. Veinte minutos después estaba en el suelo llorando como si ese esqueleto negro fuera mi hijo, o mi madre. Estuve así un buen rato, y después decidí pararme, volver al auto y seguir con mi vida. Llegué un poco tarde a la reunión pero me dijeron que mejor volviera a mi casa y descansara. Que podía tomarme unos días.
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