Esto es un relato
domingo, 16 de diciembre de 2012
El mundo es un carnívoro con bozal
"Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes"
Mateo, 8:12
Detuve mi auto en el instante en que escuché una especie de crujido. Como el que se escucha cuando caminas sobre hojas secas o comes cereal. Tenía una reunión importante y no podía llegar tarde, pero por otra parte, siempre fui una persona curiosa y me habría molestado durante todo el día el no saber qué fue lo que hizo ese sonido al pasar por abajo de las ruedas.
Retrocedí un par de metros y me bajé del auto. Era una mañana especialmente fría, y los altos pinos parecían acurrucarse entre ellos para no congelarse. Dí un par de pasos y miré al suelo para encontrarme con algo que parecía haber sido un bebé. Ahora era una especie de esqueleto calcinado, pero aún era reconocible. El automóvil solo había pasado por encima de los huesos de las piernas.
Durante unos segundos observé el montón de huesos de la misma forma en la que miras momias o animales en un museo. Veinte minutos después estaba en el suelo llorando como si ese esqueleto negro fuera mi hijo, o mi madre. Estuve así un buen rato, y después decidí pararme, volver al auto y seguir con mi vida. Llegué un poco tarde a la reunión pero me dijeron que mejor volviera a mi casa y descansara. Que podía tomarme unos días.
Obsolescencia programada
Estaba en medio de algo importante y dejó de funcionar. Se apagó y no funcionó de nuevo. Sabía que iba a pasar algún día pero no pensó que sería tan pronto… después de todo, acababan de repararlo.
Magdalena se levantó de la silla, dio unos pasos, miró por la ventana y respiró hondo. Volvió a mirarlo y seguía apagado. No hacía ni un solo ruido. Pensó en lo que había aprendido en las clases de computación, lo desenchufó y lo enchufó de nuevo. Nada.
A pesar de que la información de su disco duro se borrara constantemente su abuelo no era un computador y sus problemas de hardware eran insolucionables.
lunes, 9 de julio de 2012
Sistema desarrollado desde 1983 que promete alto rendimiento
Qué te pasa perro culiao
Hace un rato pensaba que si en Chile hubiera perros en vez de personas sería habitual escuchar todos los días a gente diciendo "no, pero mi bisabuelo era pastor alemán" y "soy una mezcla de basset hound con siberiano" y "mira su hijo qué lindo, parece un cocker de verdad". La weá patética, si somos puros quiltros.
sábado, 7 de julio de 2012
Osteoporosis
Para Coni Arellano
Hace un tiempo vi una película, cuya frase principal era: mientras no elijas, todo es posible.
Lo que no decía la película era que si te demoras mucho en elegir te quedas sin nada. Así no más. Perdiste. Por weón.
Cuando chico me quedaba mirando los dulces de los negocios, pensando en cuál era el que de verdad quería comer. Mi papá me decía que me apurara pero yo tenía que pensarlo mucho para no elegir mal. Porque era chocolate o helado o galletas. No podía tenerlo todo y necesitaba estar seguro de que lo que dejaba afuera no era mejor que lo que llevaba. Al final mi papá se aburría y nos íbamos sin comprar ni chocolate ni helado ni galletas.
Igual que la vez que fuimos a Felicilandia o algo así y teníamos poca plata así que cada uno solo podía subir a un juego. Cuando por fin me decidí por el carrusel el caballero que lo manejaba dijo que no, que ya estaban cerrando y que la última vuelta fue hace 5 minutos.
Entonces pienso que no elegir es una weá muy tonta porque en la vida real lo que tiene valor es lo concreto y no las posibilidades... y aún así no puedo decidir sin lamentar y hacerle el medio funeral a la posibilidad que boté a la basura.
Por eso, después de años de meditarlo tomé la decisión final. La decisión que me salvará de decidir de nuevo. Con esta me libro del cadáver de la esperanza de una vez por todas.
Voy a convertirme en estatua.
O tal vez no.
martes, 3 de julio de 2012
Inanición
Si revisáramos el historial de su computador encontraríamos páginas con portafolios de modelos polacas y blogs pro ana, pro mía, thinspiration y consejos evitar engordar; masticar hielo, lavarse los dientes antes de cada comida, salir a caminar sin dinero para no tentarse, dormir destapada, cinco litros de agua diarios.
Si revisáramos el archivo de su psicólogo leeríamos cosas como: melancolía del cuerpo de la niñez, obsesión por recuperar a la madre, introversión literal, pulsión de muerte y destrucción del ego por el superyó.
Si revisáramos la parte de atrás de sus cuadernos nos encontraríamos con gorda y culiá escrito por lo menos 20 veces en distintas letras y varios colores.
Si viéramos su cuerpo -que no podemos ver porque siempre está vestida con ropa ancha que lo cubre entero- notaríamos varias cicatrices, costras, quemaduras y huesos que no se ven en los cuerpos de las compañeras de Antonia.
Si pudiéramos ver el futuro de Antonia sabríamos que pronto todo va a mejorar infinitamente en su vida, pero no podemos así que no sabemos. Por ahora nos dedicaremos al presente.
Antonia se levanta a las 6 de la mañana.
Hace 20 sentadillas.
Se quita la polera con la que duerme.
Se mira en el espejo y sonríe al ver sus costillas sin tener que respirar hondo ni hacer ningún esfuerzo.
Se pesa.
Pesa 43 kilogramos y medio.
Llora.
Hace 20 sentadillas más.
Va al baño.
Se sienta a orinar pensando en que no debió comer ayer.
Se ducha.
Se pone el uniforme y se acuesta media hora, sin dormir.
A las 7 y media sale corriendo y le dice a su mamá que va atrasada y no alcanza a tomar desayuno.
Llega al colegio.
Matemáticas.
Nada que hacer.
Contar calorías.
Gorda y culiá. Guatona. Mastodonte. Chancha. Mórbida. Gorda y culiá.
Así pasa el resto del día.
Ahora viene lo interesante. O sea, no tan ahora, pero pronto. Igual hay que leer como si no lo supiéramos.
Sale del colegio.
Empieza a caminar a su casa. Sola, porque ya no tiene amiguitas. Porque no le gusta la gente gorda. Todas sus compañeras comen, por lo tanto todas sus compañeras son gordas. Por lo tanto no tiene amiguitas... aparte de las del blog pro-ana que tiene pero ellas no salen de la pantalla para acompañarla a caminar hasta su casa.
En el camino ve a dos perros apareándose y recuerda algo que la pone de mal humor.
Camina más rápido.
Revisa su mochila mientras camina para ver si le quedan cigarros.
No.
Hay mucho viento y un papel llega a ella.
Lo lee.
Es promoción de un restaurante nuevo.
Lo bota.
Mira al cielo, sin dejar de caminar.
Hay una nube con forma de Reptile, de Mortal Kombat.
Le suena el estómago.
Sonríe, porque piensa que esa es la forma que tiene su cuerpo de agradecerle que no lo llene de grasa.
Gracias, gracias.
Llega a la puerta del condominio.
Saluda al guardia que le dice algo que no entiende.
Llega a la puerta de su casa.
Saca las llaves, y de paso encuentra un cigarro.
Mete la llave en la cerradura.
Se desmaya.
Despierta en la clínica.
Con suero, pero no le importa mucho.
No le importa porque ahora entiende.
Entiende lo que dijo el guardia. Había citado a San Agustín.
Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia.
Antonia será una de esas niñitas que lo entiende, y si pudiéramos ver el futuro la veríamos infinitamente mejor porque se salió de la espiral (no sin despertar en la clínica varias veces más, los cambios no ocurren de la noche a la mañana).
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