sábado, 7 de julio de 2012

Osteoporosis


Para Coni Arellano

 Hace un tiempo vi una película, cuya frase principal era: mientras no elijas, todo es posible. 
 Lo que no decía la película era que si te demoras mucho en elegir te quedas sin nada. Así no más. Perdiste. Por weón. 
 Cuando chico me quedaba mirando los dulces de los negocios, pensando en cuál era el que de verdad quería comer. Mi papá me decía que me apurara pero yo tenía que pensarlo mucho para no elegir mal. Porque era chocolate o helado o galletas. No podía tenerlo todo y necesitaba estar seguro de que lo que dejaba afuera no era mejor que lo que llevaba. Al final mi papá se aburría y nos íbamos sin comprar ni chocolate ni helado ni galletas.
 Igual que la vez que fuimos a Felicilandia o algo así y teníamos poca plata así que cada uno solo podía subir a un juego. Cuando por fin me decidí por el carrusel el caballero que lo manejaba dijo que no, que ya estaban cerrando y que la última vuelta fue hace 5 minutos.
 Entonces pienso que no elegir es una weá muy tonta porque en la vida real lo que tiene valor es lo concreto y no las posibilidades... y aún así no puedo decidir sin lamentar y hacerle el medio funeral a la posibilidad que boté a la basura.

 Por eso, después de años de meditarlo tomé la decisión final. La decisión que me salvará de decidir de nuevo. Con esta me libro del cadáver de la esperanza de una vez por todas. 
 Voy a convertirme en estatua.
 O tal vez no.

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