martes, 3 de julio de 2012
Infección urinaria
En segundo básico tenía una compañera -no recuerdo su nombre- que pedía permiso para ir al baño cada media hora, aproximadamente.
Un día la profesora le dijo que no y ella empezó a llorar y a sacarse el pelo con las manos. Fue la última vez que le dijo que no.
Dos semanas después del incidente yo también pedí permiso para ir al baño. Yo no mentía nunca, y esa vez no fue la excepción. No especifiqué a qué iba al baño, o a qué baño iba. El arte de omitir.
Entré al baño de mujeres y me agaché para mirar los pies que había en el único cubículo que estaba ocupado. Era ella y hablaba con alguien. Estaba llorando y decía: llévame luego papito, me aburro mucho esperando. Llévame, llévame.
Me quedé escuchando un rato más pero solo repetía eso y se tragaba los mocos para seguir sollozando y pidiendo que se la llevaran. Yo ya me había parado para irme cuando ella dejó de llorar y me dijo desde adentro que si le decía a alguien lo que escuché me iba a acusar de haber entrado al baño de mujeres.
Ahora escribo esto porque probablemente su papito ya se la llevó y no me puede acusar.
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